Protocolo diagnóstico del riesgo cardiovascular y del síndrome metabólico
- páginas 2405-2407
La ateroesclerosis es una enfermedad crónica caracterizada por el depósito de lípidos en la capa íntima de las arterias de mediano y gran calibre, lo que provoca la formación de placas de ateroma. Este proceso se inicia con la disfunción endotelial y la acumulación de colesterol LDL oxidado, seguido de inflamación y migración celular, generando un círculo vicioso que incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares como infartos y accidentes cerebrovasculares. Las placas pueden ser estables o vulnerables; estas últimas tienen mayor riesgo de ruptura, desencadenando trombosis y obstrucción arterial aguda. Los factores de riesgo incluyen hipercolesterolemia, diabetes, hipertensión y hábitos poco saludables. A nivel global, la ateroesclerosis es una de las principales causas de morbimortalidad, afectando más a países con recursos limitados. La inflamación desempeña un papel central en la progresión de la enfermedad, mediada por macrófagos y células espumosas que secretan citocinas proinflamatorias. Además, los mecanismos como la hipoxia y el transporte inverso de colesterol influyen en la estabilidad de las placas. Las manifestaciones clínicas son sistémicas, destacando: cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular, enfermedad arterial periférica y complicaciones renales y oncológicas. El abordaje incluye prevención primaria y secundaria mediante el control de factores de riesgo y terapias específicas para estabilizar las placas y reducir eventos agudos.